Las 9 sinfonías de Beethoven - Cervantino 2015
CONCIERTO I
Viernes 9 Oct | 12:00 hrs | Bélgica | 70 min
Templo de la Valenciana
Anima Eterna Brugge | Jos van Immerseel, director
Obertura ‘Las criaturas de Prometeo’ | Sinfonía núm. 1 en do mayor, op. 21 | Sinfonía núm. 2 en re mayor, op. 36
CONCIERTO II
Sábado 10 Oct | 21:00 hrs | Bélgica | 75 min
Teatro Juárez
Anima Eterna Brugge | Jos van Immerseel, director
Sinfonía núm. 4 en si bemol mayor, op. 60 | Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor ‘Heroica’, op. 55
CONCIERTO III
Lunes 12 Oct | 21:00 hrs | Bélgica | 65 min
Teatro Juárez
Anima Eterna Brugge | Jos van Immerseel, director
Sinfonía núm. 8 en fa mayor, op. 93 | Sinfonía núm. 7 en la mayor, op. 92
CONCIERTO IV
Miércoles 14 Oct | 21:00 hrs | Bélgica | 75 min
Teatro Juárez
Anima Eterna Brugge | Jos van Immerseel, director
Sinfonía núm. 6 en fa mayor ‘Pastoral’, op. 68 | Sinfonía núm. 5 en do menor ‘Destino’, op. 67
CONCIERTO V
Viernes 16 Oct | 21:00 hrs | Bélgica / Alemania | 65 min
Teatro Juárez
Anima Eterna Brugge | Dresdner Kammerchor | Jos van Immerseel, director | Michael Käppler, director del coro
Andrea Lauren Brown, soprano | Marianne Beate Kielland, alto | Markus Schäfer, tenor | Thomas Bauer, barítono
Sinfonía núm. 9 en re menor ‘Coral’, op. 125
*con información de: *
En su prolífica trayectoria musical, Beethoven dejó para la posteridad un importante legado: nueve sinfonías, una ópera, dos misas, tres cantatas, treinta y dos sonatas para piano, cinco conciertos para piano, un concierto para violín, un triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta, dieciséis cuartetos de cuerda, una gran fuga para cuarteto de cuerda, diez sonatas para violín y piano, cinco sonatas para violonchelo y piano e innumerables oberturas, obras de cámara, series de variaciones, arreglos de canciones populares y bagatelas para piano.
En 1800, Beethoven organizó un nuevo concierto en Viena en el que realizó la presentación de su Primera sinfonía. Su actividad musical iba en aumento y también impartió clases de piano entre las jóvenes aristócratas, con las que mantuvo romances esporádicos. Al año siguiente, Beethoven se confesó preocupado por su creciente sordera a su amigo Wegeler. En Heiligenstadt, el año siguiente escribió el conocido Testamento de Heiligenstadt, en el que expresa su desesperación y disgusto ante la injusticia de que un músico pudiera volverse sordo, algo que no podía concebir ni soportar. Incluso llegó a plantearse el suicidio, pero la música y su fuerte convicción de que podía hacer una gran aportación al género hicieron que siguiera adelante. En dicho testamento escribió que sabía que todavía tenía mucha música por descubrir, explorar y concretar.
Su música inicial, fresca y ligera, cambió para convertirse en épica y turbulenta, acorde con los tiempos revolucionarios que vivía Europa. Eran años en que las potencias monárquicas europeas se habían aliado para derrotar a la Francia revolucionaria. En una deslumbrante campaña en el norte de Italia, en la que el ejército austríaco fue derrotado, adquirió notoriedad Napoleón Bonaparte, que se convirtió en un ídolo entre los sectores progresistas. De esta época son la Sonata para piano n.º 8, llamada Patética, y la Sonata para piano n.º 14, llamada Claro de luna. Su Tercera sinfonía, llamada La Heroica (traducción de la denominación en italiano Eroica) , estaba escrita en un principio en «memoria de un gran hombre», Napoleón, que era visto en ese momento como un liberador de su pueblo. Cuando se declaró a sí mismo Emperador, Beethoven se enfureció y borró violentamente el nombre de Napoleón de la primera página de la partitura. La Heroica se estrenó finalmente el 7 de abril de 1805.
Sinfonías
Primera y segunda sinfonías

En 1803, el músico de Bonn dio a conocer la Segunda sinfonía, en re mayor (op. 36), cuya alegría contrasta con la tristeza que vivía el autor. Beethoven reemplazó el minueto estándar por un scherzo,33 más rítmico y dinámico. Esta innovación y sus fuertes sonoridades dieron a la Segunda sinfonía un mayor alcance y energía. Después del estreno, los críticos notaron la ausencia del minueto y dijeron que la composición tenía mucho poder, pero que era demasiado excéntrica. No faltaron las duras críticas.
La influencia haydniana se deja sentir en estas dos composiciones de juventud: ambas tienen introducciones lentas y la orquesta es totalmente clásica.
Tercera y cuarta sinfonías
La siguiente sinfonía es muy diferente. La Cuarta sinfonía en si♭ mayor (Op. 60), de 1806, recupera la frescura de sus dos primeras composiciones sinfónicas. El primer movimiento arranca con una solemne y notable introducción. En el cuarto movimiento, se muestra una de las características del compositor de Bonn: el virtuosismo que demanda de los intérpretes. El Finale de la Cuarta es muy exigente para el fagot. Esta sinfonía ha sido, según algunos críticos, injustamente relegada al lado de sus excepcionales antecesora y sucesora: «La grácil criatura griega en medio de dos gigantes germánicos».a
Quinta y sexta sinfonías
En 1808, Beethoven compone la Quinta sinfonía (Op. 67). Esta sinfonía en do menor destaca principalmente por la construcción de los cuatro movimientos basados en el motivo rítmico formado por tres corcheas y una blanca con calderón, las cuales abren la obra y retornan una y otra vez dando a la sinfonía una extraordinaria unidad. Para el músico, significaban «la llamada del destino».b El segundo movimiento es un hermoso tema con variaciones. El tercer movimiento, scherzo, comienza misteriosamente y prosigue salvajemente en los instrumentos de viento-metal con una forma derivada de la «llamada del destino»; un pasaje tejido por los pizzicato de los instrumentos de cuerda se encadena sin pausa con el triunfal cuarto movimiento, allegro, y que posee una destacada coda.
Simultáneamente, compuso la Sexta sinfonía en fa mayor, conocida como Pastoral (Op. 68). Es difícil imaginar dos obras tan distintas: toda la fuerza y violencia de la Quinta se convierten en dulzura y lirismo en la Sexta, cuyos movimientos evocan escenas campestres. Es el mayor tributo dado por Beethoven a una de sus grandes fuentes de inspiración: la naturaleza. Es también su única sinfonía en cinco movimientos (todos con subtítulos: Escena junto al arroyo, Animada reunión de campesinos, Himno de los Pastores, etc.), tres de ellos encadenados (es decir, que Beethoven elimina las habituales pausas entre segmentos sinfónicos). Uno de los pasajes más famosos de la obra es el final del segundo movimiento, con la flauta, el oboe y el clarinete imitando respectivamente los cantos del ruiseñor, la codorniz y el cuco.
Séptima y octava sinfonías

Al año siguiente, 1814, Beethoven concluye la Octava sinfonía en fa mayor (Op. 93), compuesta inmediatamente después de la Séptima y cuya brevedad (poco más de veinticinco minutos) no eclipsa su meticulosa escritura. Es su sinfonía más alegre y desenfadada («mi pequeña sinfonía en fa», la llamaba el compositor, para diferenciarla de la Sexta, escrita en la misma tonalidad).38 La composición fue extremadamente ligera y rápida (cuatro meses). La obra tiene influencias de Haydn, sobre todo en su primer movimiento.38 La Octava, con su larga y alegre coda, parece un grato adiós al mundo clásico.
Novena sinfonía

Para los grandes compositores románticos y posrománticos, la Novena sinfonía fue el gran legado sinfónico del músico de Bonn, un reto que todos, consciente o inconscientemente, quisieron al menos igualar: desde Schubert (Sinfonía "Grande") hasta Brahms (Primera sinfonía, llamada por el crítico Eduard Hanslick la «Décima» de Beethoven); y desde Bruckner hasta llegar a un colofón dramático y desmedido en el sinfonismo de Mahler.
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